viernes, 8 de junio de 2012

Mobiliario



Abro la puerta. Ella viene a recibirme como cualquier otro día. Me besa, me pregunta que tal ha ido, entramos en casa. En el salón veo a esa mujer, de rodillas, con sus manos en sus nalgas, desnuda, con su cabeza tocando el suelo. La ignoro. Sigo hablando con mi perrita, contándole como ha ido la tarde, como si esa mujer postrada fuese parte del mobiliario, como si fuese lo más normal del mundo ver como lentamente abre sus nalgas con las manos hasta ofrecer silenciosa su cuerpo. No tengo prisa, tiene que entender qué es y cuál es su posición. Mi cabeza da vueltas a las posibilidades, va a ser una tarde interesante.

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